La opción ilegítima de Patricio Navia.

El martes 5 de enero, Patricio Navia declaró en su blog de La Tercera que “[s]i un concertacionista se siente decepcionado de la incapacidad de los líderes partidistas para escuchar la voz de la gente, legítimamente puede votar para que el candidato de la Alianza sea el próximo Presidente.” En su columna, Patricio Navia nos habla de la legitimidad y validez de su decisión, la cual basa en el desprecio de la Concertación por  “la voluntad ciudadana en el proceso de selección” de su candidato. Si bien la Concertación sigue su campaña sin llevar a cabo una renovación verdadera y profunda de su liderazgo y gestión interna, el razonamiento de Patricio Navia no puede legitimar ni su voto a favor de Piñera, ni que otros chilenos izquierda emulen su decisión.

De acuerdo a Patricio Navia, la decepción y el descontento de un concertacionista con su colectividad legitiman su voto por Sebastián Piñera. ¿Pero que es lo legítimo? ¿A que voto se le considera un voto legítimo? Aquí claramente no hablo de leyes electorales. Lo legítimo es aquello que es genuino y verdadero; algo que se basa en las creencias mas profundamente sostenidas por un individuo. Por ejemplo, en términos simples, se puede decir que un ateo puede legítimamente ausentarse de una misa. Por el contrario, se puede decir que si éste ateo decide rezar a Dios en la catedral, su decisión sería ilegítima, ya que no es verdadera y genuina. Por lo tanto, en el caso de un concertacionista descontento, podemos decir que un voto legítimo es aquel voto que no abandona los principios o visión para el país que ésta persona sostiene.

La legitimidad y validez de un voto deben ser medidas en relación a las creencias que un individuo sostiene firmemente. Si una persona cree y siente que sus principios y visión serán representados y materializados por un candidato en particular, entonces éste puede legítima y validamente votar por él. Si uno no comparte la gestión “trucha” y poco democrática de la Concertación, pero tampoco comparte la visión de Piñera, entonces debe considerar muy cuidadosamente sus opciones y no vender sus principios como sugiere Navia.

He aquí una de las fallas de la “solución” de Patricio Navia al dilema de los decepcionados. Él asume que el descontento y decepción de un simpatizante de izquierda son razones suficientemente fuertes para transar principios y proyectos no compartidos por sectores elitistas y conservadores que apoyan a Sebastián Piñera. De ésta manera, Navia incita al votante a ser un agente proactivo (y por ende cómplice) de las decisiones que tome Piñera asesorado por personajes de la derecha conservadora. ¿Qué se hará respecto al aborto? ¿Qué pasará con la píldora del día después que está lista para convertirse en ley? (tema que Piñera ha esquivado con toda su voluntad). ¿Qué ocurrirá con el derecho a la educación? ¿Se mejorará el estado de los derechos indígenas y de homosexuales? ¿Seguirá Chile siendo el sujeto de los reportes de Human Rights Watch por el uso indebido de la ley antiterrorista? ¿Se privatizará Codelco?

Lo que propone Patricio Navia es la legitimación de la venta de principios, dónde el chileno descontento terminará votando por una coalición que no lo representa. La decisión de Navia constituye una invitación a hacer un borrón y cuenta nueva con un candidato que está apoyado por sectores reaccionarios, reacios al cambio real, y que aún debe demostrar que no está dispuesto a ser víctima de los conflictos de interés inherentes en su condición de futuro Presidente y empresario.

Asimismo, la propuesta de Navia asume que las opciones de los descontentos de izquierda son en blanco y negro: ¿Piñera o Frei? ¿Concertación o Alianza? Y esto no puede estar más lejos de la verdad, pues existen más opciones. Un chileno de izquierda que rechaza la manera en que la Concertación ha seleccionado a su candidato, que no comparte el proyecto de país de Piñera, y que no se siente cómodo votando por Frei, legítimamente puede a mi parecer votar nulo.

El voto es una acción que permite al ciudadano transmitir su preferencia por creencias y proyectos. El llamado que hace Navia no permite al ciudadano descontento expresar su sentir en una manera verdadera, genuina, y por ende, legítima. Lo cierto es que es muy distinto no votar por un proyecto que uno comparte porque se siente descontento con los que representan a dicho proyecto a votar por un proyecto que uno ni siquiera comparte.

No compartir el proyecto de Sebastián Piñera, sentirse incómodo con su cercanía a sectores reaccionarios, elites, o no sentirse a gusto con su falta de transparencia, no son factores irreconciliables con su deseo de cambio dentro de la Concertación. Si usted no quiere sentirse responsable por un gobierno de Sebastián Piñera, y si usted no quiere legitimar la falta de democracia, transparencia y la política “rasca” de los líderes concertacionistas, siéntase en toda la libertad de votar nulo. Ésta es una opción válida de protesta.



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